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El viernes 2 de octubre de 2026, durante la tarde y apenas unas horas antes de su show en Teatro Vorterix, Die Toten Hosen brindó una conferencia de prensa en The Roxy Bar & Grill de Buenos Aires. Campino, Breiti, Andi, Vom y Kuddel estuvieron presentes en un encuentro que alternó recuerdos, humor y momentos bastante más reflexivos sobre los más de cuarenta años de historia de la banda. Argentina atravesó buena parte de la charla: no sólo por la cantidad de visitas y conciertos acumulados, sino por una relación con el público que ellos mismos reconocen como excepcional dentro de su carrera. Terminada la conferencia, los músicos partieron rumbo a Vorterix para realizar la prueba de sonido previa al recital de esa misma noche.

Campino fue especialmente enfático al hablar de ese vínculo. “Ustedes nos dieron su amor y nos desbordó. No hay muchos lugares en el mundo donde hayamos recibido algo así, de esta manera y con esta pasión”, señaló. Y lo resumió todavía más directamente: “Definitivamente hicieron nuestra vida más rica”. De cara a los últimos días de esta despedida argentina, dejó claro que no espera un clima solemne sino todo lo contrario: “Queremos que hagan una gran fiesta con nosotros. Nosotros tratamos de disfrutar cada noche, cada segundo, cada canción”. Incluso volvió sobre una de las características que más identifica al público local: “Odio mi propia voz. Me encanta escucharlos cantar a ustedes”. Para Campino, escuchar a los argentinos cantar las canciones —y hasta seguir cantando entre tema y tema— es, literalmente, una de las razones por las que disfrutan volver al país.

El repaso de la carrera también dejó algunas de las mejores anécdotas de la conferencia. Al recordar los primeros años, Campino admitió que hubo muchos momentos en los que estar de gira sí se parecía a un trabajo: “No podíamos permitirnos tener seguro. Teníamos que tocar con 42 grados de fiebre y no existía la posibilidad de no presentarse”. En ese contexto recordó una noche particularmente poco glamorosa de Breiti, que por un problema intestinal tuvo que tocar con un balde al lado del amplificador porque no llegaba al baño. “Tuvo que cagar al lado del amplificador. Supongo que no fue una de sus noches favoritas”, recordó entre risas. Breiti se sumó al intercambio para aclarar, en tono de broma, que ese tipo de situaciones no necesariamente pertenecían sólo a los primeros años, lo que disparó nuevas cargadas entre ellos.

Pero detrás del humor apareció uno de los momentos más importantes de la historia del grupo. Campino recordó que todo cambió alrededor del concierto número mil de Die Toten Hosen, marcado por la muerte de una joven. El episodio provocó, según explicó, una verdadera crisis existencial dentro de la banda: tuvieron que preguntarse para qué seguían haciendo aquello, qué querían alcanzar y cuál era realmente su objetivo como grupo y como artistas. “Cambió nuestra vida por completo”, sostuvo. A partir de entonces aprendieron a bajar el ritmo cuando era necesario y a valorar de otra manera cada concierto. “Es un privilegio estar en una banda con amigos, tocar y llevarle alegría a la gente”, dijo. Y agregó una de las frases que mejor resume esa transformación: “Desde aquel día, nunca más volvió a sentirse como un trabajo”.

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Otro eje importante fue el lugar que ocupa la música en sus propias vidas. Campino insistió en que, antes que verse como artistas, Die Toten Hosen siempre se sintieron fanáticos: “Primero que nada, somos fans de la música. Nunca pensamos en nosotros mismos como artistas o músicos de una manera especial. Somos fans de la música”. Recordó el impacto que tuvieron en ellos Joe Strummer, The Ruts, The Adicts, The Undertones y Stiff Little Fingers, entre muchos otros, y desarrolló una idea particularmente interesante sobre la relación entre un músico y quien lo escucha. Para él, una banda no introduce algo completamente nuevo dentro de una persona: simplemente puede despertar algo que ya estaba ahí. “Quizás nosotros sólo fuimos una chispa. Alguna chispa también nos alcanzó a nosotros y nos encendió. Ese es el milagro de la música”.

Campino profundizó todavía más esa idea al hablar de la capacidad de una canción para acompañar situaciones extremas. Señaló que quien no tiene una relación profunda con la música difícilmente pueda comprender hasta qué punto puede ayudar a una persona a reconstruirse después de una pérdida o de un momento doloroso. “La música es capaz de levantarte de nuevo. Es fantástico”, resumió. Fue uno de los pasajes más personales de una conferencia donde la banda evitó presentar su trayectoria únicamente como una sucesión de discos, giras y éxitos.

La dimensión política, históricamente presente en buena parte de la obra de Die Toten Hosen, también apareció durante la conferencia. Desde Buenos Aires Metal Shows le preguntamos a Campino por “Was ist mit uns los”, cuyo videoclip oficial había sido estrenado apenas unos días antes, el 28 de septiembre de 2026. La consulta partió de una tensión presente en la propia letra: mientras la canción invita a abandonar las cámaras de eco y recuperar el diálogo con quienes piensan distinto, la consigna “quiero recuperar mi país” aparece inmediatamente asociada al Tercer Reich. A partir de ese contraste, le planteamos cómo distingue entre preocupaciones legítimas vinculadas con inmigración, seguridad o identidad nacional y posiciones genuinamente extremistas, y cómo sostener ese diálogo sin descalificar de antemano al interlocutor.

Campino centró su respuesta en el efecto de las redes sociales y los algoritmos sobre el debate público. “Todos terminamos metidos en burbujas, en cámaras de eco, y solamente escuchamos lo que queremos escuchar”, explicó. Según su mirada, el exceso de canales e información no necesariamente produjo sociedades mejor informadas, sino espacios donde cada persona recibe aquello que confirma sus propias convicciones: “Recibimos la información que queremos escuchar. Los hechos ya no son importantes”. Para él, ese fenómeno está erosionando lo que definió como la “conversación creativa” entre personas que piensan diferente.

También explicó qué interpreta cuando escucha la consigna “quiero recuperar mi país”. Según Campino, quienes la utilizan muchas veces hablan de “un país que nunca existió” e idealizan retrospectivamente épocas como los años noventa con frases del estilo “antes todo era mejor” o “no había criminalidad en las calles”. “Pero es mentira. No es verdad en absoluto”, sostuvo. Para el cantante, la repetición de esos clichés y la obstinación con la que algunas personas los defienden constituye un fenómeno preocupante frente al cual la banda intenta tomar posición. Aclaró además que no considera que sea un problema exclusivamente alemán, sino parte de una tendencia más amplia que atraviesa distintas sociedades. Como ejemplo, recordó una reciente polémica alrededor de la selección alemana de fútbol por la cantidad de jugadores blancos en el plantel y celebró la respuesta del director técnico, que rechazó directamente ese debate por considerarlo absurdo.

La historia de Die Toten Hosen en Argentina reapareció también a través de recuerdos más caóticos. Entre los músicos repasaron algunas noches imposibles de reducir a una simple lista de favoritos: conciertos especiales, visitas inesperadas y hasta el célebre show de Museum, en San Telmo, en marzo de 2000, que debió suspenderse apenas unos 30 segundos después de comenzar cuando el escenario cedió por la presión del público. La broma fue que probablemente haya sido “el concierto más corto” de toda su carrera. Breiti, Andi, Vom y Campino fueron completando y corrigiendo recuerdos entre ellos, dando a varios pasajes de la conferencia un tono más parecido al de un grupo de amigos repasando historias viejas que al de una conferencia promocional convencional.

La cultura argentina también dejó una marca fuera del punk. Cuando apareció la pregunta por una canción relacionada con Buenos Aires, Campino no dudó en mencionar “Mi Buenos Aires querido”. Explicó que el tango les transmitió una determinada sensación sobre la ciudad y recordó incluso las noches en las que amigos argentinos los llevaron a espacios independientes de tango, con músicos jóvenes, lejos de los circuitos turísticos tradicionales. Esas experiencias, dijo, los entusiasmaron y les permitieron acercarse mucho más a esa cultura.

Pero fue al hablar del punk argentino cuando apareció uno de los vínculos más significativos. Campino volvió sobre Los Violadores y sobre una coincidencia que siempre lo impresionó: Los Violadores escribieron “1, 2, Ultraviolento” inspirados en Alex y el universo de La naranja mecánica, mientras que Die Toten Hosen hizo algo parecido con “Hier kommt Alex”, sin que ninguna de las dos bandas supiera entonces de la otra. “Éramos almas gemelas, de alguna manera”, dijo Campino. Para él, aquella coincidencia fue siempre una prueba de que, aun viviendo en extremos opuestos del mundo y sin conocerse todavía, compartían una misma sensibilidad: “Para mí siempre fue una prueba de que nos entendíamos entre nosotros, en nuestras almas”.

También reivindicó a otras bandas argentinas que fueron descubriendo con los años. Explicó que muchas veces primero escuchaban una canción y percibían que era buena música, y recién después traducían las letras para comprender realmente lo que estaban diciendo. Mencionó en ese recorrido a Attaque 77, 2 Minutos y Los Violadores, entre otros, como parte de una escena que terminó teniendo una importancia propia dentro de la historia argentina de Die Toten Hosen.

La conferencia dejó así una imagen bastante clara de cómo la banda interpreta esta despedida. No apareció tanto la idea de cerrar solemnemente un legado como la de celebrar los vínculos acumulados durante más de cuatro décadas: entre ellos mismos, con las bandas que los formaron, con aquellas que conocieron durante el camino y, especialmente, con el público. Al mismo tiempo, la intervención de Campino sobre “Was ist mit uns los” mostró que la banda tampoco piensa transitar esta última etapa desentendiéndose de las discusiones políticas y sociales que históricamente formaron parte de su identidad.

En el caso argentino, Campino dejó pocas dudas sobre el lugar que ocupa esa relación dentro de su historia. Más que venir simplemente a cumplir las últimas fechas de una gira, la intención parece ser disfrutar esos días hasta el final y escuchar una vez más al público apropiarse de las canciones que la banda escribió hace décadas.

Por Giancarlo Murchio

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