El Complejo C Art Media se convirtió en territorio metalero durante la noche del 6 de octubre. Mientras buena parte de la atención estaba puesta en el partido despedida de Leo Messi, en Villa Crespo cientos de personas elegimos otra cita: acompañar a Sepultura en una de las últimas paradas de su gira “Celebrating Life Through Death”.
“Los argentinos tienen la culpa de que llevemos 42 años viniendo acá”, dijo Andreas Kisser, hablando en un español impecable. Poco después, el guitarrista volvió a dejar en claro el vínculo especial que Sepultura mantiene con nuestro país: “Siempre nos sentimos como en casa”. Las palabras resumieron buena parte del espíritu de una noche que tuvo como protagonista a una banda que llegó a Buenos Aires para cerrar una etapa histórica junto a su público.
Más de cuatro décadas de trayectoria hablan por sí solas. La banda brasileña construyó una identidad que trascendió fronteras y terminó convirtiéndose en una referencia indispensable para entender la evolución del Metal. Su influencia llegó a generaciones posteriores y ayudó a abrir el camino para sonidos que años más tarde encontrarían un nuevo espacio en el nu metal. El legado iniciado por los hermanos Cavalera permanece intacto, incluso después de todos los cambios que atravesó la formación.
La jornada había comenzado temprano con Consequence of Energy. Luego fue el turno de No Guerra, que ofreció un sólido set de aproximadamente media hora.
Derrick Green, Andreas Kisser, Paulo Jr. y Greyson Nekrutman tomaron el escenario y no necesitaron demasiado tiempo para dejar en claro que aquella no iba a ser una noche contemplativa. “Inner Self”, perteneciente a Beneath the Remains (1989), fue el encargado de abrir el concierto. Después llegó “All Souls Rising”, de The Cloud of Unknowing, el nuevo EP, y enseguida “Desperate Cry”, uno de los grandes clásicos de Arise.
Recién después de ese comienzo demoledor hubo espacio para una pausa. El público aprovechó para hacer lo inevitable: llenar el lugar con el tradicional “¡Sepultura! ¡Sepultura!”. La banda retomó el recorrido con “Kairos” y “Means to an End”.
A esa altura, Derrick Green se dirigió por primera vez al público y explicó que tenían “muchas canciones para celebrar la historia de Sepultura”. Y justamente de eso se trataba la noche. De repasar una trayectoria que comenzó en Brasil y terminó convirtiendo a la banda en uno de los nombres fundamentales del metal mundial.
“Attitude” fue uno de esos viajes directos a los años 90. Con ese tema apareció también uno de los rasgos que hicieron tan particular a Sepultura: la incorporación de elementos de la música brasileña, entre ellos el berimbau, dentro de una propuesta de metal cada vez más personal. Después llegó “Against”, y la lista continuó recorriendo distintas épocas de la banda.
Durante aproximadamente una hora y media, los clásicos fueron apareciendo como postales de distintas generaciones. Para muchos de los presentes, cada canción tenía asociada una época, una adolescencia, un disco escuchado hasta el cansancio.
El recorrido no se quedó únicamente en la nostalgia. Sepultura también miró hacia su material más reciente y recuperó canciones de distintas etapas, incluso de Schizophrenia. Pero hubo espacio, además, para reconocer a quienes compartieron parte de ese camino. Uno de los grandes momentos de la noche llegó con la aparición de los integrantes de A.N.I.M.A.L. en el escenario. Andrés Giménez y sus compañeros se sumaron para interpretar “Refuse/Resist”, el poderoso tema que abre Chaos A.D. (1993). La colaboración fue recibida con una ovación y terminó convirtiéndose en uno de los pasajes más emotivos del recital.
Para el final quedaron dos himnos capaces de resumir buena parte de la historia de la banda: “Ratamahatta” y “Roots Bloody Roots”. No hacía falta mucho más.
Lo que ocurrió en Buenos Aires estuvo lejos de ser simplemente el último capítulo de una gira. Fue una reunión entre una banda y un público que construyeron una relación durante más de cuatro décadas. Sepultura se despidió dejando sobre el escenario aquello que mejor supo hacer durante toda su carrera: tocar con intensidad, mirar hacia adelante sin renegar de su pasado y demostrar por qué su nombre quedó grabado entre los grandes de la historia del Metal.
Foto x Victor Guagnini




